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El Jazmín del Cabo

Violeta 25 de octubre de 2017

El Jazmín del Cabo

El Jazmín del Cabo, o Celestina, que recibe el nombre científico de Plumbago capensis, es un arbusto perenne trepador, de consistencia leñosa, originario de Africa del Sur y miembro de la familia Plumbaginaceae. Es una planta ornamental que adorna la mayoría de los jardines pues posee la característica de estar en flor casi todo el año. Es ideal para usar en pérgolas o mediante el sistema de “emparrado” para cubrir lugares en los que se desea haya sombra, aunque también pueden armarse con él setos divisorios, empleándoselo a la manera de enredadera (sujetando las ramas a un soporte) o arbustiva (mediante podas de forma) respectivamente. Mide entre cincuenta centímetros y dos metros de alto. Tiene tallos largos, delgados y bastante frágiles.

Sus hermosas y delicadas flores provistas de cinco estambres, un cáliz tubular (con cinco estigmas plumosos) y cinco pétalos color celeste (en la variedad Plumbago auriculata alba las mismas son blancas y en la Plumbago indica, rojo-anaranjadas), que miden unos dos centímetros y medio de diámetro, se agrupan en inflorescencias terminales de tipo umbela; para que de una floración exuberante lo ideal es ubicarlo a pleno sol, a media sombra las flores no serán tan abundantes.

Las hojas son simples, pecioladas, de borde entero y ubicación alterna; tienen forma de espátula alargada (las más de las veces son ligeramente espiraladas) y sin punta, según la variedad miden entre uno y diez centímetros de largo. En zonas de frío extremo conviene protegerlo durante la época de heladas por si éstas llegaran a ser muy fuertes. Si ocurriese lo peor no debemos igualmente preocuparnos, pues al regresar la temperatura cálida la planta rebrotará.

Se multiplica mediante semillas a fines de invierno o principios de primavera (germinan en poco más de una semana); también por estacas semileñosas cubriéndolas con plástico o vidrio y por división de mata. Precisa suelos livianos con agregado de arena para tener un buen drenaje. El riego debe ser abundante todo el tiempo que esté florecido. Si estuviera en tiestos o macetas necesita ser abonado una o dos veces al mes. En ocasiones es conveniente hacerle aportes de magnesio y hierro. Suele ser víctima de varias plagas, como los gusanos de las lepidópteras y los pulgones.

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