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La Ilima

Violeta 9 de noviembre de 2016

La Ilima

La Ilima, que responde al nombre científico de Sida fallax, es una planta herbácea miembro de la familia Malvaceae. Es originaria de Hawai y con sus flores se confeccionaban antiguamente los “lei” con los que los nativos reciben a los visitantes; con el tiempo esas bellas guirnaldas de flores que se colocan alrededor del cuello han variado las especies que se utilizan para realizarlas.

Es una especie muy variable en cuanto altura, ancho, forma de las hojas, color y tamaño de las flores; incluso hay ejemplares erectos de porte arbustivo (de alrededor de un metro y medio de altura) y otros postrados (a esta variedad los nativos de su lugar de origen la denominan “Ilima papa”, mide no más de treinta centímetros de alto y se la encuentra en las áreas costeras).  Sirve tanto como para marcar límites en los jardines como para rellenar espacios grandes tapizándolos.

Sus hojas ovales y acuminadas, de seis a nueve centímetros de longitud, tienen los márgenes serrados; su cara superior es de un color verde brillante y la inferior es pubescente, casi aterciopelada, y más clara.

Durante todo el año da flores sin aroma muy similares a las de los Hibiscus pero de menor tamaño; rondan los tres centímetros de diámetro y están formadas por cinco pétalos amarillos o anaranjados con la base amarronada o rojiza. Son polinizadas por las abejas. Si removemos las flores que se van secando producirá muchas más.

El fruto es capsular. Se la propaga fácilmente mediante semillas, cuyo color varía de marrón a negro, puestas en remojo unas veinticuatro horas antes. Éstas necesitan un sustrato con buen drenaje, una mezcla de tierra y perlita es lo ideal, y debe mantenerse húmeda la superficie hasta que comienzan a germinar, lo que comúnmente les demanda de una semana a tres meses (hasta en eso son muy variables). Pueden conservarse bastante tiempo dejándolas secar apropiadamente.

También pueden utilizarse esquejes para reproducirla, a los cuales se les puede ayudar con un buen enraizador. Cada seis meses es útil efectuar una fertilización con micronutrientes. No la favorecen los riegos automatizados ni los anegamientos puesto que su raíz es propensa al ataque de los hongos. Suelen ensañarse con la Ilima las hormigas, la arañuela roja y las babosas.

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