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La Okra

Violeta 23 de julio de 2017

La Okra

La Okra es una planta de porte erecto que recibe la denominación científica de Abelmoschus esculentus (o Hibiscus esculentus; puede verse la similitud de las flores con la de los demás miembros del género hibiscus) y pertenece a la familia Malvaceae. Es originaria de la zona tropical de África y sus frutos son comestibles, se la encuentra en estado silvestre en los bancos aluviales del Río Nilo. Mide de dos a tres metros de alto.

Posee un fuerte tallo del cual se desarrollan ramificaciones a partir de las axilas foliares. Da tres tipos bien diferenciados de follaje: Las hojas superiores y medias son palmeadas, con cinco y tres lóbulos (ásperos al tacto y con los márgenes hendidos) respectivamente mientras que las inferiores son acorazonadas y su borde es marcadamente festoneado.

Las flores, de color blanco-amarillento con una mancha púrpura en  la base de los cinco pétalos, son solitarias y de nacimiento axilar. Los frutos son cápsulas cónicas alargadas, dehiscentes al madurar, que según la variedad a la que pertenezcan pueden ser amarillas, verdes o rojas. En su interior contienen numerosas semillas esféricas oscuras. Para ser consumidos se los debe cosechar un poco antes de que maduren totalmente, dado que luego endurecen y toman consistencia fibrosa.

Se los emplea tanto crudos como cocidos y son la base de numerosos platos. Su ingesta aporta a nuestra dieta carbohidratos, azúcares, fibra, proteínas, agua y varias vitaminas. Como contiene una sustancia mucilaginosa dentro de la medicina no tradicional se la emplea para tratar el dolor de garganta producido por las anginas o los resfríos y para aliviar la tos y el catarro.

Para cultivarla requiere de suelos sueltos con muy buen drenaje (el exceso de agua provoca deformación de los frutos y presencia de hongos), preferentemente de  textura franco-arenosa con agregado de materia orgánica. En la época de fructificación conviene administrarle fertilizantes pues aumenta su necesidad de Nitrógeno, Fósforo y Potasio. No germina bien en suelos fríos, la temperatura mínima debe ser de dieciséis grados centígrados para obtener buenos resultados; la semilla necesita estar en remojo unas doce horas antes de la siembra. Las plántulas se llevan a su ubicación definitiva cuando haya pasado el peligro de heladas y a los sesenta días de ello ya puede comenzar la cosecha.

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