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Tierras de labranza

Violeta 23 de diciembre de 2009

tierras de labranza 2

Se podría decir que el suelo está formado básicamente por elementos permanentes o fijos, tales como la arena, la arcilla, los compuestos calcáreos y el humus, que están siempre presentes aunque en diversas proporciones; y por elementos accidentales o variables, tales como los compuestos químicos del Magnesio, del Potasio, del Sodio, del Fósforo, del Calcio, del Hierro, del Manganeso y los demás minerales  que las plantas utilizan en distintas cantidades durante el proceso de crecimiento y desarrollo.

Se conoce como Suelos arenosos a aquellos que contienen gran cantidad de sílice. No tienen mucha consistencia y al no retener el agua permiten que esta se escurra hacia las capas internas. Durante el verano son áridos. Pueden convertirse en cultivables si se afirman en capas internas arcillosas pues ellas conservarán la humedad necesaria. Son de coloración clara, dependiendo del silicato que contengan oscilan entre el amarillo y el marrón claro. Los hallamos comúnmente en los valles, a orillas de los ríos, lagos, esteros, etc. Se pueden dar bien en ellos las coníferas y las plantas que en general posean raíces gruesas y pivotantes; entre las hortalizas adaptables a este tipo de suelo vemos a las remolachas, zanahorias y cebollas; entre los cereales (aunque no es el terreno óptimo) pueden cosecharse cebada y lino.

Los Suelos arcillosos se caracterizan por la retención de agua y, por ende, de la humedad. Se agrietan cuando hace frío y expuestas al sol no dejan escapar el agua que contienen. Absorben bien los gases amoniacales producto de la descomposición de materia orgánica y eso es muy útil para las raíces de las plantas. En este tipo de suelos pueden cultivarse variadas hortalizas, tales como coles y lechugas. No es aconsejable para  tubérculos, rizomas o bulbos porque no permite el drenado de agua y pueden contraer hongos y hasta llegar a pudrirse.

Los Suelos calcáreos son aquellos en los que hay preponderancia de carbonato de calcio. Son de tonos claros, secos y poco profundos, descansan sobre bancos calizos que absorben la humedad de la superficie. El calor los seca y endurece. Su vegetación natural son los cardos. Entre los árboles puede darse la morera y a veces, también, prosperan las vides. No son recomendables para patatas, papas y camotes.

Pero el Humus es, de todos, el más importante de los componentes del suelo, se forma mediante el proceso de transformación de la materia orgánica y es garantía de fertilidad. El humus permite que la tierra de labranza sea blanda y aireada, ayuda al almacenamiento de abono, facilita la formación de nitratos y mantiene con vida a muchas bacterias que son benéficas para los cultivos.

 

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