Suelos

Fertilidad de los suelos

Autor: Violeta
31 Diciembre 2009

fertilidad de los suelosSe reconoce como suelo fértil a todo aquel que tiene capacidad suficiente para nutrir a las plantas. De esto deducimos que es una relación tierra-vegetal y que varía con cada especie en particular, como ejemplo podemos citar un alfalfar viejo que ya no sirve para continuar con el cultivo de alfalfa pero sí puede resultar útil para sembrar maíz en él.

Hay, a veces, suelos que reúnen la mayoría de las características (físicas y químicas) necesarias para dar buenas cosechas pero les falta algo de tan vital importancia como es el agua, por ser el vehículo a través del cual las raíces pueden obtener la nutrición. Estos suelos se revitalizan entonces mediante el riego, que es el aporte artificial de agua a las tierras de cultivo.

Hasta ahora mencionamos sólo dos maneras para ayudar a la tierra en su tarea específica con respecto a las plantas, una es la rotación de los cultivos y la otra el riego frecuente; pero hay una tercera y ésta es el laboreo, que abarca a todas las tareas mecánicas necesarias para poner la tierra en condiciones óptimas antes de recibir la semilla.

Ellas son: La arada, que airea y deja poroso el suelo, destruyendo al mismo tiempo las malezas que son perjudiciales y que al regresar ya inertes a la tierra le devolverán los nutrientes que le habían quitado; el rastrilleo, que se ocupa de destruir los terrones de mayor tamaño impidiendo su compactación y deja la tierra mullida y lista para la siembra (estas dos tareas ayudan, al descompactar, a que se restablezca el fenómeno de capilaridad, mediante el cual el agua de las napas subterráneas asciende a la superficie); el aporcado, que es el cubrir con tierra las partes de la planta que pudieran haber quedado al descubierto; y el escardado cuyo objetivo es destruir hierbajos que son altamente nocivos. Seguir leyendo »


 

El sol, el aire y el agua

Autor: Violeta
29 Diciembre 2009

el sol, el aire y el aguaLos rayos solares inciden en la temperatura terrestre, el que lleguen en forma vertical o con menor o mayor oblicuidad es lo que determina la diversidad de climas; y a cada clima le corresponde una vegetación distinta por naturaleza, a pesar de que se han logrado con el correr del tiempo adaptaciones de especies que en otras épocas no hubieran podido ni siquiera pensarse.

El aire en su rol de elemento constituyente del humus actúa como principal factor de porosidad y es el que permite la absorción de oxígeno, hidrógeno y otras muchas materias orgánicas e inorgánicas; y en su rol de elemento constituyente de la atmósfera es el agente transmisor a distancia del polen y diversas semillas, que gracias a él llegan a zonas muy alejadas.

Los tres elementos mencionados son parte importante en el desarrollo de nuestras plantas aunque el que más se destaca es el agua. Ella  hace que los minerales como el calcio, el magnesio, el hierro, etc., se conviertan en sales solubles o carbonatos. El agua, al evaporarse a través de las hojas de las plantas hace que descienda la temperatura en ellas y se mantengan frescas, si les falta las hojas comienzan a secarse y mueren, por ello es que hay que regarlas de manera periódica para devolverles el agua que pierden por evaporación. El agua es absorbida por las raíces siendo necesaria para su crecimiento y desarrollo tanto por su propia composición química de hidrógeno y oxígeno como por las sales solubles que transporta. En la mayoría de los vegetales el agua forma parte del 70% de su constitución, ya ese dato nos proporciona una idea de cuánto es necesario el líquido elemento para su supervivencia. Seguir leyendo »

Tierras de labranza

Autor: Violeta
23 Diciembre 2009

tierras de labranza 2

Se podría decir que el suelo está formado básicamente por elementos permanentes o fijos, tales como la arena, la arcilla, los compuestos calcáreos y el humus, que están siempre presentes aunque en diversas proporciones; y por elementos accidentales o variables, tales como los compuestos químicos del Magnesio, del Potasio, del Sodio, del Fósforo, del Calcio, del Hierro, del Manganeso y los demás minerales  que las plantas utilizan en distintas cantidades durante el proceso de crecimiento y desarrollo.

Se conoce como Suelos arenosos a aquellos que contienen gran cantidad de sílice. No tienen mucha consistencia y al no retener el agua permiten que esta se escurra hacia las capas internas. Durante el verano son áridos. Pueden convertirse en cultivables si se afirman en capas internas arcillosas pues ellas conservarán la humedad necesaria. Son de coloración clara, dependiendo del silicato que contengan oscilan entre el amarillo y el marrón claro. Los hallamos comúnmente en los valles, a orillas de los ríos, lagos, esteros, etc. Se pueden dar bien en ellos las coníferas y las plantas que en general posean raíces gruesas y pivotantes; entre las hortalizas adaptables a este tipo de suelo vemos a las remolachas, zanahorias y cebollas; entre los cereales (aunque no es el terreno óptimo) pueden cosecharse cebada y lino.

Los Suelos arcillosos se caracterizan por la retención de agua y, por ende, de la humedad. Se agrietan cuando hace frío y expuestas al sol no dejan escapar el agua que contienen. Absorben bien los gases amoniacales producto de la descomposición de materia orgánica y eso es muy útil para las raíces de las plantas. En este tipo de suelos pueden cultivarse variadas hortalizas, tales como coles y lechugas. No es aconsejable para  tubérculos, rizomas o bulbos porque no permite el drenado de agua y pueden contraer hongos y hasta llegar a pudrirse. Seguir leyendo »