Semillas
Antes de ser sembradas la mayoría de las semillas requiere un tratamiento previo, si sólo tienen un recubrimiento delgado una horas de remojo en agua bastarán para ablandarlo, pero en ocasiones esto no es suficiente y debemos recurrir a otros dos procesos que ayudan y con los que se obtienen óptimos resultados a posteriori.
Uno es la estratificación, aplicable a todas las semillas puesto que las estimula a comenzar el ciclo germinativo. Primeramente las dejaremos sumergidas en agua por uno o dos días y luego de escurrirlas las incorporaremos a una mezcla en partes iguales de arena y turba dentro de una bolsa plástica que guardaremos en la heladera, sin olvidar ponerle una etiqueta con el nombre de la planta a la que pertenecen. Algunas especies pueden estratificarse hidratándolas solamente y guardándolas en bolsas herméticas. Mantener vigilada la humedad durante el proceso que puede llevar largo tiempo y si la germinación da comienzo antes de los esperado proceder a la siembra.
O también pueden usarse vasos plásticos y envases con tapa para colocar en ellos las semillas ya en tierra humedecida, cubriéndolos luego con una bolsa plástica antes de llevarlos a la heladera, cada tanto se los abrirá para evitar la formación de hongos; transcurridas unas semanas se sacan para ubicarlas en un lugar donde la temperatura sea más bien elevada (pero no a sol directo) y a los pocos días veremos que comienza la germinación. Seguir leyendo »
Una vez decididos a sembrar algo es necesario que conozcamos cuáles son los requerimientos de las semillas que vamos a emplear, esto es su época de siembra, la temperatura y la cantidad de luz que precisan. Además, si las compramos envasadas, hay que fijarse la fecha en que caducan. Si son frescas habrá más posibilidades de que todas las que sembremos lleguen a germinar. Algunas especies tardan más que otras en hacerlo y muchas veces es necesario aplicarles un tratamiento para ayudarlas, como puede ser el dejarlas en remojo, estratificarlas o escarificarlas antes de proceder a la siembra.
Prácticamente cualquier envase de los que se hallan en todos los hogares sirve como base de nuestros futuros cultivos, los potes de cremas y yogures, las botellas de agua mineral, las bandejas con tapa en las que viene la comida preparada, y hasta cubeteras en desuso. Emplearemos un compuesto simple de tierra y luego de enterrar la semilla a la misma distancia de su diámetro (por ejemplo si mide 1 cm. a esa misma profundidad la ubicaremos) regaremos ligeramente con un rociador y cubriremos todo con una bolsa plástica, sujetándola con una banda elástica a los bordes para lograr un efecto invernadero, porque conservará la temperatura y la humedad. Nunca debemos sembrar en el mismo recipiente dos especies con distinto tiempo de crecimiento pues a la que sea más precoz deberemos luego destaparla en cuanto tenga sus hojas definitivas y las que aún no brotan sufrirán por ello.
Una semilla de rápida germinación, útil para enseñar a los más pequeños el arte de los cultivos, es la del ají o pimiento y para obtener contenedores que no cuestan nada (pues son desechables) podemos aprovechar las cáscaras de huevo luego de que los cascamos para echarlos al aceite de fritura. Sólo hará falta un ligero golpe al apoyarlos sobre una superficie lisa para que cada mitad quede sostenida en pie. Las llenaremos con una mezcla de tierra ligera, arena y sustrato, colocaremos una semilla por cada una y las taparemos apenas. En este caso es optativo el cubrirlas con plástico. En pocos días veremos asomar un delgado talluelo con dos pequeñas hojas unidas en sus extremos por los restos de la semilla; cuando las hojas continúan con su crecimiento los restos caen. Seguir leyendo »


0 Comentarios