Arreglos Florales
Es común entregar a los invitados a una boda cuando se marchan un recuerdo de la ocasión; hay innumerables posibilidades de realización de los mismos pero una muy elegante y que puede adecuarse a la decoración que se le haya dado al salón, o también tener similitud con el ramo que lleve la novia, es la de obsequiar pequeñas macetas y canastitas con plantas o con arreglos de flores, sean estas naturales o secas.
El hecho de que la fecha se deba conseguir con bastante antelación nos da sobrado tiempo para ir preparándolos. Si elegimos para confeccionarlos canastas de mimbre o de otro tipo de material con aberturas utilizaremos flores secas; si la elección recae en canastitas de cerámica o porcelana ya podremos incluir dentro de ellas esponjas de floristería que humedeceremos para que las flores frescas se mantengan lozanas durante las horas que demande la fiesta.
Otra opción de recipiente son las macetas de arcilla roja del tipo denominado bizcocho (de primera cocción sin esmaltar), o también esmaltadas ( en su defecto hasta podemos pintarlas con una buena pintura en aerosol (de tonos oro, plata o cobre quedan con un excelente acabado) que cubra la superficie con tan sólo aplicarle una mano de color. Para que la delicadeza del souvenir no se pierda es necesario que el diámetro de la parte superior de las macetas no sobrepase los cinco o seis centímetros. Seguir leyendo »

Para recolectar las flores que luego procederemos a secar lo ideal es hacerlo tras varios días secos y soleados, jamás se lleva a cabo la recolección en días húmedos o lluviosos. Hay que utilizar tijeras con buen filo para no dañar las plantas al cortarlas. Elegir aquellas que apenas estén abriendo sus capullos pues éstos completarán su ciclo durante el tiempo que lleve el secado. Es preferible optar por las de tallos largos, si no los tuvieran colocarles un alambre antes de la operación pues una vez secas se tornan muy quebradizas.
Lo más común es secarlas en posición vertical, colgando cabeza abajo en un lugar fresco y con buena ventilación, atadas en ramilletes de pocos ejemplares ubicados de manera escalonada lo que favorecerá que el aire circule con total libertad.
Las que son muy frágiles (por ejemplo las espigas de los cereales, los musgos y los helechos) conviene extenderlas en posición horizontal, espaciadas, sobre una mesa; apoyadas en algo absorbente como tela de algodón, cartón o papel. O aún mejor sobre una superficie enrejillada (como una parrilla) donde la aireación será mayor.
Si usamos el método de gel de sílice debemos moler bien antes bastante cantidad para verter en un recipiente en el que quepan las flores holgadamente y con ayuda de una cuchara introducir el gel molido entre los pétalos para que el secado se produzca de manera pareja tanto en el exterior como en el interior. Se tapa y se lo deja no más de siete días, pero revisando que no se pasen y retirándolas antes si es necesario. Utilizando este gel de secado en un recipiente que se pueda llevar al horno de microondas aceleraremos el proceso a sólo minutos. Seguir leyendo »

El Ikebana clásico: Cuando comenzaron hace siglos a engalanar los altares de los templos budistas los arreglos florales eran del llamado estilo “Rikka”, cuyo significado podría traducirse como “Flor erguida”. Los mismos eran de gran porte y de estructura rígida. Se los armaba sobre pesadas vasijas de bronce profusamente decoradas. En este estilo determinado los extremos de las ramas apuntaban de continuo hacia el cielo como indicación de la Fe depositada en la divinidad.
Muchas veces eran comparados con pequeños jardines pues eso es lo que reflejaban, un paisaje completo en miniatura. Comúnmente la figura principal en ellos era la de una rama de pino que se erguía majestuosa sobre su entorno. Otras especies empleadas podían ser el cedro, el ciprés y hasta la caña de bambú. Con el paso del tiempo todo sufre transformaciones y este tipo de Ikebana fue quedando obsoleto. La gente cambió su gusto a algo menos elaborado y más casual, pero aún dentro de los cánones de honrar a la naturaleza otorgándole la gran importancia que en sí misma tiene.
El Ikebana naturalista: Durante el transcurso del siglo XV, en Japón, todo el arte se simplificó, desde la arquitectura en la que los edificios adquirieron mayor sencillez hasta los arreglos florales donde se le dio preponderancia a la creatividad individual. Este estilo recibió la denominación de “Seiwa”. Y en siglo XVI se produce otro gran cambio con la aparición de las “Casa de Té” que hoy en día consideramos tan representativas de esa cultura, es en base a la decoración de esos establecimientos que surge un estilo plásticamente más libre al que se lo conocerá como “Nageire” palabra que podría ser la transcripción de dos en nuestra lengua, “arrojar en” o “arrojar dentro”.

