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El Abedul

Violeta 18 de julio de 2010

El AbedulAbedul o Betula es el nombre que reciben unas ciento treinta especies (la mitad de las cuales se hallan en Rusia) de árboles caducifolios de la familia Betulaceae, pueden llegar a medir unos 30 metros de alto y presentan un tronco cilíndrico que rara vez sobrepasa el metro de diámetro. Tienen hojas caducas simples de forma romboidal, acuminadas, con bordes serrados y largos pecíolos, ligeramente pubescentes. Sus ramas son flexibles (se emplean por ello en cestería) y la corteza es blancuzca. Poseen flores femeninas y masculinas en la misma planta, reunidas en sendas inflorescencias racimosas colgantes del tipo amento. La polinización es efectuada por el viento. Las semillas (sámaras) pequeñas y ovales, con alas amarillentas laterales traslúcidas, son liberadas en verano.

Necesitan mucho sol, suelos húmedos y ligeramente ácidos. Su crecimiento es rápido en la juventud, pudiendo llegar a un metro anual (gracias a esta propiedad se lo emplea para reforestar grandes zonas afectadas por incendios), pero luego se estabiliza; su vida no va más allá de los cien años. Todas sus partes son utilizables en mayor o menor medida, para consumo humano o industrial. La corteza cuenta con una sustancia conservante llamada “betulina” que la convierte en poco menos que en invulnerable, era usada ya en la antigüedad para confeccionar calzados y hasta embarcaciones ligeras gracias a  su maleabilidad. El carbón vegetal hecho con su madera carbonizada es de muy buena calidad y con su hollín se preparaba tinta negra para las primeras imprentas. La madera que producen es blanda y se la usa principalmente para transformarla en pasta de papel o para tallar, adquirió buena fama al ser utilizada durante la Segunda Guerra Mundial en la fabricación del avión de combate de nombre “Mosquito”.

De las hojas se obtiene un tinte amarillo (una vez secas son un excelente espanta insectos) y de su corteza, mediante destilación, un aceite resinoso que se utiliza para el curtido de cueros, además de un alquitrán que sirve como lubricante. Con la savia, que es rica en azúcares y ácido tartárico, se preparan un enjuague bucal y una loción detergente indicada para limpiar úlceras, algunos la beben como tónico y se le agrega los alimentos y bebidas para saborizarlas, es famoso el “jarabe de abedul” y hasta un vino que se obtiene fermentándola. Para la cicatrización de heridas en general se prepara una pomada con la raíz.

De su corteza interna se extraían láminas apergaminadas, sobre las que se escribía, a las que los romanos denominaban “librum” y de ellas tomaron el nombre los libros; con sus ramas finas y flexibles se adornaba en esa época la cabeza de los mandatarios importantes (las hojas de laurel eran para los deportistas o triunfadores en batallas), éstas recibían el nombre de “fasces” y de allí deriva el término “fascista”.

Algunas de sus variedades más conocidas son: Betula cordifolia, Betula nigra, Betula albosinensis, Betula chinensis y Betula pendula. Su área de origen se halla en el norte europeo, cuando se retiraron los glaciares fueron los primeros en establecerse en las nuevas tierras ganadas ayudando a modificar las condiciones ambientales adversas para el resto de la flora. En estado silvestre forma bosquecillos abiertos, pero son también excelentes árboles ornamentales para los jardines gracias al color de su corteza y al que toman sus hojas en el otoño. Era un árbol sagrado entre el pueblo celta, representaba la renovación (el volver a empezar) y seguramente se debía a que era el primero de los árboles en cubrirse de hojas cada año.

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