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Phalaenopsis schilleriana

Violeta 22 de febrero de 2013

La Phalaenopsis schilleriana, bella representante de la familia Orchidaceae, es originaria de Filipinas. Como a la mayoría de las orquídeas epífitas es común hallarlas en la naturaleza creciendo sobre las ramas bajas de los árboles de los bosques húmedos, protegidas del sol directo.

Tiene gruesas raíces (que son de color verde porque contienen clorofila) recubiertas por un tejido de apariencia esponjosa conocido como “velamen” que favorece la absorción del agua y los nutrientes del suelo. Del rizoma nacen dos hojas carnosas de forma elíptica cada año, mientras que las más antiguas van cayendo, de este modo hay siempre en la planta entre cuatro y seis hojas de láminas amplias y gran consistencia puesto que son las que guardan las sustancias de reserva de la planta.

Florece desde mediados de invierno hasta el final de la primavera, el tallo floral se eleva por entre las hojas basales y surge de él una inflorescencia de tipo racimo con a veces hasta un metro de longitud. Las bellísimas flores constan de tres sépalos y tres pétalos rosados con formas diferenciadas, el inferior o “labelo” es más corto y trilobado; en medio de ellos está la denominada “columna” que se crea al fusionarse los pistilos con los estambres.

No son de difícil cultivo pero sí requieren de algunos cuidados específicos. Soporta temperaturas que van desde los quince hasta los treinta y cinco grados centígrados, lo ideal para ella es que el termómetro se mantenga entre los 20 y los 24 grados, aunque para que la floración tenga lugar debe existir una diferencia de temperatura durante todo un mes de cinco grados entre el día y la noche. Le agrada la luz pero no la del sol pleno y menos a las horas más candentes; junto a una ventana a la que le dé sol durante varias horas, protegida por una cortina delgada, se siente muy a gusto; si está en un tiesto o maceta ésta deberá ser transparente, en lo posible, puesto que las raíces realizan fotosíntesis también.

El agua para riego no debe contener cloro y si es calcárea conviene usar filtros; no hay nada mejor que el agua de lluvia, por supuesto, si se la puede juntar y proporcionársela; la humedad ambiental es muy importante y necesaria (debe ascender a medida que asciende la temperatura); su follaje admite el rociado por el envés. Un buen drenaje es elemental puesto que es malo que el sustrato se anegue; éste debe ser de grano medio, pudiendo agregársele corteza de pino o carbón vegetal. Para todas las orquídeas en general se recomienda desinfectar el medio de cultivo, antes de colocarlas, mediante calor, poniendo la mezcla húmeda en una placa metálica y dejándola dentro del horno unos veinte minutos a ciento ochenta grados.

No requiere de abonos pero si se desea, en la época de floración, basta con usar uno recomendado para plantas de interior rebajado a la cuarta parte de lo que indique la etiqueta. Da muchas semillas pero éstas sólo germinan en simbiosis con un hongo en especial, por ello es que se recolectan los “keikis” que se forman en la vara floral luego de la floración y se los acondiciona como una planta nueva.

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